Queridos inversores,
Soy value investor desde que tengo uso de razón financiera. Mi forma de pensar sobre el capital la moldearon Mohnish Pabrai, Guy Spier, y por supuesto el canon de Buffett y Munger: buscar negocios con ventajas competitivas duraderas, gerencia honesta, y precios que te den margen de seguridad. Eso me ha funcionado por más de una década y sigue siendo la base de todo lo que hacemos en Workflow Capital.
Hace unos diez años me di cuenta de algo que no me dejaba tranquilo. Los mismos principios que hacen funcionar el value investing (paciencia, disciplina, pensar en probabilidades, comprar cuando el mundo tiene miedo) aplican todavía más directamente a las opciones. Puntualmente, a venderlas. Una opción es un contrato sobre el tiempo y el miedo. El comprador paga por protección contra algo dramático que pueda pasar antes de que venza. Casi siempre, no pasa nada dramático. El premium decae. El vendedor cobra.
En esa época operé opciones un tiempo. Entendía la tesis pero no tenía la infraestructura. Mis trades eran discrecionales, contaminados por los mismos sesgos emocionales que cualquier value investor aprende a reconocer cuando está eligiendo acciones. Me retiré porque no tenía las herramientas para ejecutar bien. La tesis era sólida. El operador no estaba listo.
Pasé casi una década construyendo software. Plataformas de salud, automatización empresarial, herramientas de IA que procesaban millones de transacciones. Ese trabajo me enseñó algo que Pabrai y Spier enseñan en otro contexto: la diferencia entre tener un proceso y cruzar los dedos. En software, un sistema funciona o no funciona. Lo construyes, lo pruebas, lo monitoreas, y dejas que la máquina haga lo que mejor hace: ejecutar sin emoción.
El año pasado decidí juntar los dos mundos. El criterio del value investor con la disciplina del ingeniero. De ahí nació Workflow Capital.
La lógica del agricultor
Vendemos tiempo. Ese es todo el negocio en tres palabras. Cada contrato de opciones es una póliza de seguro pequeña. El comprador paga un premium hoy por protección contra algo que pueda pasar mañana. Nosotros somos la aseguradora. Cobramos el premium, evaluamos el riesgo con cuidado, diversificamos entre muchas pólizas, y confiamos en que con una muestra suficientemente grande, el tiempo juega a nuestro favor.
Un agricultor no se angustia porque el martes va a llover. Siembra en buena tierra, cuida lo que sembró, y acepta que unas temporadas son mejores que otras. Diciembre fue nuestra primera siembra.
Los números
Hicimos 19 operaciones en diciembre. 18 vencieron con ganancia. Una la cerramos antes porque la tesis cambió, con una pérdida pequeña. Eso da un win rate de 95%. Hay que tener cuidado con sacar conclusiones de un solo mes, pero el resultado vino de la selección: cada una de esas 19 operaciones pasó por un filtro de calidad de cuatro capas que revisa salud financiera, momentum y calidad fundamental antes de arriesgar un solo dólar.
Las posiciones cubrieron tecnología, químicos especializados y consumo. Todas fueron puts cash-secured sobre empresas que estaríamos cómodos teniendo en el portafolio. Empresas que pasarían el filtro de cualquier value investor. El retorno del mes: +1.11%.
No voy a pretender que 1.11% suena emocionante. No lo es. Pero compuesto mensualmente da aproximadamente 14% anualizado. Y eso fue en un mes parcial, con sizing conservador, en un sistema nuevo con las rueditas de entrenamiento puestas. Lo más importante: el drawdown fue prácticamente cero. Sabíamos nuestro peor escenario en todo momento, y ese escenario ni se asomó.
La infraestructura
Lo que más me enorgullece de este mes es el sistema que está debajo del retorno. Antes de colocar un solo trade, construimos un protocolo de ejecución de cinco compuertas que valida cada orden antes de enviarla. Un filtro de calidad que pasa cientos de acciones por el cedazo y deja un puñado. Controles de seguridad que físicamente impiden que el sistema coloque órdenes de mercado, use apalancamiento, o se pase de los límites de posición.
A eso me refiero con que esta vez es diferente. Hace una década, el que decidía y el que ejecutaba era la misma persona: yo. Un humano que se emociona, se asusta, y de vez en cuando se convence de que “esta vez sí va a ser distinto”. Ahora el que decide sigo siendo yo, con los mismos principios de valor de siempre. Pero el que ejecuta es una máquina. Yo elijo la estrategia. La máquina impone la disciplina. Pabrai dice que la clave de invertir es no ser estúpido. La máquina hace que sea mucho más difícil ser estúpido.
Lo que viene
Diciembre fue la prueba de concepto. El sistema funciona. La infraestructura aguanta. La tesis (que el mercado paga de más por la volatilidad de forma sistemática, y que un vendedor paciente y disciplinado que entiende los negocios puede capturar esa diferencia) produjo su primera cosecha pequeña.
En enero vamos a escalar. Más posiciones, más diversificación, y la primera prueba real de cómo se comporta el sistema con mayor volumen. Espero errores. Bienvenidos sean. Cada error que el sistema atrapa es un error que yo habría cometido por instinto hace diez años.
La meta es construir una máquina que acierte lo suficiente, que maneje el riesgo siempre, y que componga en silencio mientras dormimos.
Gracias por la confianza. Apenas estamos arrancando.
Carlos Taborda Jaraba
Fundador y Gestor de Portafolio
Workflow Capital